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Por una Europa Social joven y con empleo digno


El sábado intervine en el encuentro “juventud en acción” de Jóvenes de UGT, donde hice una pequeña ponencia sobre políticas de empleo joven en Europa, además de participar en el debate y los grupos de trabajo.

Os resumo la ponencia:

Durante los últimos años, la UE ha utilizado la estrategia de Lisboa para su crecimiento económico, una estrategia que ha flexibilizado el mercado laboral con el objetivo de aumentar la competitividad y que, tras el crecimiento de la desigualdad social, la escasa inversión en I+D y la insostenibilidad del actual modelo de crecimiento económicos, y a pesar de ser considerada por muchas personas un fracaso ha terminado utilizándose como base para construir, ya en plena crisis financiera, la estrategia 2020.

Con la brecha social existente entre los Estados miembros, la precarización del empleo y la aparición de una crisis, que tiene su origen en el mal funcionamiento de los mercados internacionales, especialmente los financieros, y a unos estados cada vez más débiles que no regularon esos mercados a tiempo, surge esta estrategia, que pretende, además de ignorar las causas de la crisis financiera, que la UE sea competidora directa de mercados como China e India que poseen costes mucho menores, en parte debido a la ausencia de derechos laborales, lo que repercute en la pérdida de lo conseguido en la luchas sindicales de los siglos XIX y XX.

Y para ello, propone alargar la vida laboral y flexibilizar aún más los puestos de trabajo, con el consiguiente deterioro que conllevaría, además de fijar como objetivo para la empresa privada la gestión de servicios públicos como la sanidad.

Estas estrategias neoliberales están orientadas a defender el modelo capitalista, y junto a la creciente reducción del gasto público contribuyen a disminuir la protección social, lo que hace que la distancia entre los grupos de poder político y mediáticos europeos y las clases populares se incremente. Para la UE, la política no económica se convierte en un hecho anecdótico, ya que frente a la liberalización de mercados y la protección a las empresas, se da la espalda a los trabajadores y trabajadoras a través de la reducción de políticas sociales y de empleo estable y de calidad.

Debido a la inexistencia de un marco legislativo común, la UE no tiene capacidad de intervención en los Expedientes de Regulación de Empleo ni en la creciente deslocalización de las empresas a países con costes laborales menores, como sucedió con Nokia en Alemania o Delphi en Puerto Real.

Mientras tanto, han habido iniciativas como la directiva de desplazamiento de los trabajadores, que permitía el desplazamiento de trabajadores con unas condiciones laborales de su país de origen a otros estados miembros de la UE, lo que favorece el dumping laboral al producir bienes y servicios en un país destino con los costes inferiores de un país de origen, siendo sustituida por la Directiva Bolkestein, que liberaliza los servicios poniendo la primera piedra de la privatización de los servicios públicos. Añadamos a la mezcla directivas como la de ampliación de la jornada laboral a 65 horas semanales o la Directiva de la Vergüenza, que criminaliza la inmigración y recorta derechos fundamentales.

Se deduce entontes que esta Europa, la Europa del Capital (en mayúsculas), busca el beneficio de las grandes empresas y capitales del mercado, perjudicando a jóvenes, mujeres, pensionistas, migrantes y clase trabajadora en general, dificultando  la inclusión social de las personas más desfavorecidas, ya que ha considerado el crecimiento económico como un fin y no como un medio para alcanzar el bienestar social, lo que demuestra que la actual deriva neoliberal de la UE es ineficaz.

¿Y qué cabe plantear aquí? No la recuperación, sino una verdadera construcción de la Europa social, la de los ciudadanos y ciudadanas, que tenga un modelo de desarrollo sostenible y de justicia social, que busque la paz y cooperación, que consiga la igualdad efectiva entre hombres y mujeres y que promueva una democracia realmente participativa.

Esto se consigue no sólo con el trabajo de la clase política, sino con el esfuerzo de los sindicatos, de  los movimientos sociales, de las mujeres, la juventud y los trabajadores y trabajadoras.

Pero para empezar es necesario un nuevo modelo de desarrollo que busque el crecimiento sostenible y persiga el pleno empleo y la protección social, fomentando la inversión en industria, en servicios públicos, en la protección del medioambiente y tecnologías limpias, que mejore las normas laborales, la protección social, la inversión en I+D públicas y que promueva la participación democrática.

Además, es necesario reforzar la negociación colectiva y establecer un marco a nivel europeo que la proteja y refuerce, establecer una jornada máxima europea de 40 horas semanales, sin perder en el horizonte las 35, fijar un salario mínimo europeo (de al menos el 60% del salario medio nacional), ligar el ingreso mínimo de las personas desempleadas y las pensiones mínimas con el salario mínimo y aplicarles automáticamente las subidas de IPC.

Además, de fijar una política europea de salario mínimo es necesario crear directivas que mejoren la estabilidad y calidad del trabajo, así como reorientar los créditos que se emiten desde las administraciones locales hasta el Banco Central Europeo, primando el control público del sistema financiero y aboliendo todos los paraísos fiscales.

Si entramos en materia específica de juventud, estamos sufriendo la política neoliberal de la UE desde que nos incorporamos al mercado laboral (quien pueda hacerlo) o incluso antes, a través de una reforma del sistema educativo que ha cambiado el concepto de cualificación por el de “adaptación a los objetivos que el mercado laboral considere oportunos”, y utilizando las becas y prácticas en centros de trabajo como contratos encubiertos, destruyendo así puestos de trabajo y convirtiéndolos en empleo sumergido, y mediante el desinterés por crear políticas a nivel europeo de ayuda para personas jóvenes desempleadas y que fomenten la emancipación.

Hay países miembros de la UE que tienen políticas laborales, de educación y de vivienda más efectivas que las nuestras, pero se trata de países, como Dinamarca o Noruega, donde el desarrollo social se encuentra más avanzado. Mientras que durante una época en España se creció en materia económica, el déficit social no ha dejado de incrementarse hasta ponernos en los asientos del vagón de cola en la Europa de los 15, en lo que se refiere al desarrollo del estado del bienestar.

Y para concluir, resaltar que una parte muy importante de la solución a la actual deriva antisocial europea pasa por considerar a la juventud como el motor que hará moverse a la Europa Social desde hoy, y no como futuros consumidores de la Europa del Capital y el mercado desbocado. Es necesario, además de las propuestas que he dicho antes, incluir otras orientadas específicamente a las y los jóvenes, como son el fomento del asociacionismo, aumentar la edad máxima para ser joven en la UE de 26 a 30, la creación del salario mínimo europeo para facilitar así la emancipación y la promoción de políticas que faciliten la inserción en el mercado laboral y promuevan la igualdad de las mujeres jóvenes.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 18/10/2014 en 14:34

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